Hola a todos:
Hace muchos años que descubrí este cuento y, de hecho, no ha faltado nunca en mis clases cuando empezaba el otoño. Yo lo contaba ayudándome de dibujos en la pizarra y, esta vez, me he decidido a convertir esos dibujos en recortables de fieltro.
Recientemente he encontrado una versión de este cuento en la página de UNICEF y se parece mucho a la que yo contaba a mis chicos. Yo cambio algún nombre de árbol, por ejemplo chopo por álamo, que es más familiar por esta zona. Os dejo el enlace aquí.
Y a continuación paso a contaros la mía:
Había una vez unos árboles que vivían en un bosque. Por un lado teníamos al chopo, que siempre presumía de sus hojas y de lo alto y esbelto que era. A su lado vivía un castaño, muy orgulloso de sus grandes hojas y de sus castañas. Junto a ellos vivía un sauce, enamorado de sus "melenas" de hojas que caían elegantemente hasta casi el suelo.
Al otro lado del claro del bosque vivían tres grandes amigos: el abeto, el pino y el pequeño enebro. Este último estaba muy contento porque era la primera vez que se llenaba de bayas:
- ¡Ya soy mayor! ¡ Tengo bayas!- repetía muy contento
El chopo, el castaño y el sauce, además de ser unos presumidos insoportables, se burlaban continuamente de los otros árboles: "¡Hola "pelo pinchos"!", "Mira, un árbol con faldas". "¡Eh, pequeñajo, te has llenado de granos!", "¡Hay que ver lo feos que sois! "...
Y así iba pasando el verano, pero un día en el claro del bosque se reunió una familia de pajaritos. Estaban muy preocupados porque el bebé pájaro se había roto un ala, por lo que no podía volar. y pronto tendrían que irse hacia otros países donde hiciera más calor para pasar el invierno.
- Tendremos que buscar una solución para nuestro bebé, si no nos vamos no podremos resistir el frío del invierno. A lo mejor alguno de estos árboles tan bonitos podrían ayudarle y cuidar de él hasta que volvamos. Es pequeñito y no les molestará mucho.
Les pareció una buena idea y empezaron por preguntar al chopo.- ¡Ni hablar, este pequeñajo picoteará mis maravillosas hojas !
Luego probaron con el castaño - ¡Nada de eso, no quiero que picotee mis castañas!
Con el sauce no tuvieron mejor suerte: -¡Qué horror, ensuciará mis "melenas" con sus cacas! ¡ Largo de aquí!
Los pobres pajaritos estaban desesperados y decidieron que no podían dejar solo a su bebé. Quizá no podrían sobrevivir, pero estarían juntos. Entonces, el pino que los oyó les preguntó qué pasaba. Papá pájaro, muy triste, le explicó todo.
- No os preocupéis, yo cuidaré de vuestro bebé hasta la primavera. tengo un tronco muy fuerte y si os dais prisa podéis agujerearlo para hacerle un nido donde quedarse calentito.
- ¿De verdad que no le importa, señor pino?- dijo mamá incrédula.
- En absoluto, estaré muy contento de poder ayudaros. ¡Venga, daos prisa tenéis mucho trabajo!
Papá y mamá se pusieron manos a la obra y "piqui-piqui " hicieron un agujero en el pino y lo rellenaron con toda la comida que pudieron encontrar y con pajitas, lanitas...para hacerlo confortable y calentito. Con tanto ir y venir, llamaron la atención del abeto y del pequeño enebro que también se ofrecieron a ayudar al pajarito.
- Yo extenderé mis ramas como si fuera una capa para taparle cuando sople el viento frío.- dijo el abeto
- Yo también quiero ayudar, puedes comerte todas las bayas que quieras.- dijo el enebro.
Finalmente, cuando ya estuvo el nido preparado, los papás instalaron al pajarito, se despidieron de todos y se marcharon volando a toda prisa para alcanzar a los demás pájaros que ya habían iniciado su viaje hace días.
Ahora bien, "alguien" ha estado viendo todo esto y , por su cara, no parece que le haya gustado mucho.
Sí, es el Sol y está tan enfadado que empieza a lanzar sus rayos con toda su fuerza hacia el chopo, el castaño y el sauce. Son tan fuertes que enseguida secan sus hojas. Los tres árboles, no pueden creerse lo que está pasando: sus maravillosas hojas han cambiado de color porque están secas.
A continuación, el Sol llama al Viento y le pide que sople muy fuerte sobre ellos.
Y lo hace tan fuerte que, en un abrir y cerrar de ojos, los deja desnudos.
Después llegan las lluvias. El Sol pide a las nubes más cargadas y más oscuras que lluevan sobre ellos, dejándolos bien "chipiados" ( en Aragón significa: bien mojados, llenos de agua, calados). Ya no tienen sus hojas para protegerlos y el agua les empapa sus ramas y su tronco.
En cambio, avisa a otras nubes para que cuando lluevan sobre el pino y sus amigos lo hagan suavemente.
Al pajarito le encanta oír como las gotitas de lluvia caen sobre el pino, mientras él está metido en su nido bien calentito. parece un pequeño concierto: plim, plim, plim , plim ( ostinati del 2º movimiento del Invierno de Vivaldi)
El chopo, el castaño y el sauce empiezan a entender por qué les está pasando todo esto a ellos y, en cambio, a sus compañeros de enfrente no les pasa nada, no han perdido sus hojas. Se dan cuenta de que siempre han sido muy malos con ellos y con el pajarito y están muy arrepentidos.
Pasa el invierno y un buen día aparecen los papás del pajarito. Han sido los primeros en llegar, tenían muchas ganas de ver a su bebé.

Cuando llegan al pino, ven que el nido está vacío y se asustan pensando lo peor. - ¡Oh, no ! ¡¿Qué ha pasado ?! ¡¿ Dónde está nuestro hijito ?!
- Estoy aquí mamá. Ya he crecido papá y he aprendido a volar saltando por las ramas de mis amigos los árboles.- dijo saliendo de detrás del pino.
Finalmente, después de dar las gracias al abeto, al pino y al enebro, la familia de pajaritos completa se marchó. Y ... ¿Qué fue del chopo, del castaño y del sauce ? Pues volvieron a tener sus hojas como antes, pero habían aprendido la lección y ya nunca serían unos antipáticos ni unos presumidos. El Sol vio que estaban arrepentidos....no obstante, cada otoño pierden sus hojas hasta la primavera, para recordarles lo que les pasó.
Colorín, colorete, por la chimenea sale un cohete.
Hasta aquí el cuento y, para cerrar la sesión hacemos un juego de relajación-dramatización:
Los niños se sientan por parejas, uno delante y otro detrás. El de detrás es el pino y el de delante sería el pajarito. El niño-pino abraza y mece al niño-pajarito al compás del segundo movimiento del Invierno de Vivaldi, podemos hacerles notar cómo el ostinati representa las gotitas de lluvia que caen sobre el árbol : plim-plim-plim-plim. Se vuelve a repetir todo, con las mismas parejas, pero cambiando de papeles.
Espero que os haya gustado y... hasta otro ratico.
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