Hola a todos:
Hace unos días, me propusieron participar en la "Noche de cuentos". Consiste en que alumnos de primer ciclo (6 a 8 años) se quedan a pasar la noche en el cole. Este año el tema principal eran los cuentos en los que aparecen lobos. Yo, como ya sabéis, tengo afieltrados tres de esos cuentos tradicionales: Los tres cerditos , Caperucita roja y Los siete cabritillos.
No obstante, como los niños son un poco mayores, pensé que igual era una buena oportunidad para hacer algún "experimento".
Gamberrucita Roja
Había una vez
una niña que vivía con su mamá en una casita a la entrada del bosque. Su
abuelita le había hecho una caperuza de color rojo muy bonita.
- - Hija, tendrías que ir a ver a la abuelita. Hace
mucho que no vas a verla y necesita que le lleves sus jarabes para la tos y
para la tripa.
- - ¡No me da la gana! ¡A casa de la abuela, no! Es
un rollo: “¿Quieres galletitas recién hechas? ¿Te cuento un cuento? ¿Jugamos al
parchís? No me rompas los geranios, por favor “ – imitó la voz de su abuela- Es
una pesada y no la aguanto-gritó enfadada.
- -¿Te parece bien hablar así de la abuela? Venga, llévale las medicinas que te he puesto en la cestita- ordenó mamá enfadada.
- -¡Y encima… cargada!- protestó la niña
- -¡¡Bueno, ya está bien!! ¡¡ Circulando!!- gritó mamá.
La niña se va mascullando lo que le
acaba de decir su mamá-“Bueno, ya está bien. Circulando “, pero…¡ Qué se ha
creído ésta! ¡Caperucita, para,! ¡Caperucita, circula!- imita la voz de su mamá- No sé si tengo una mamá o un semáforo...¡Ya está bien, haré lo que me dé la gana!
- - ¡Y pórtate bien! ¿Me oyes?
- - Siiiii, mamá- dijo burlándose y añadiendo con
una sonrisa perversa- ¡Por supuesto!
Al oír los gritos, alguien se asoma por entre los árboles y
observa a la niña.
- - ¡Oh no! ¡Es Gamberrucita Roja! ¡Y está muy
enfadada! Aún recuerdo cuando me puso petardos en mi lobera. ¡Casi me da un
infarto!- comenta el lobo aterrorizado.
La niña, continúa su camino sin darse cuenta de que la están
espiando y se dice a sí misma:
- - ¡Estoy hasta la caperuza de mamá y , sobre todo, de la pesada de la abuela! Voy a pensar una buena trastada para hacerle…- se para a pensar- ¡Jajajajá! ¡Ya está! Le voy a cambiar las etiquetas de los jarabes, así cuando tenga tos se tomará el jarabe de la tripa y… no creo que se atreva a toser más. ¡Jajajajá! ¡Lo que me voy a reír!- ríe malévolamente- ¡Soy genial!
- -¡Oh no! Pobre abuelita, tengo que avisarla
cuanto antes. Cruzaré por el atajo del bosque.- dijo el lobo.
Cuando éste llegó a casa de la abuelita, se la encontró
tomando el sol en la puerta de su casa.
- - ¡Hola Lobito! Tengo unas galletitas recién
hechas. ¿ Quieres probarlas?
- - No hay tiempo, abuela. Gamb…, perdón, Caperucita
viene hacia aquí y creo que está preparando alguna travesura de las suyas.
Decía cosas de ti y se reía así. “¡Jajajajá!”- la imita- ¡¡Tengo mucho miedo!!
- - Pues mira, ya me he cansado de ella y de
aguantarla. No escarmienta y yo ya soy muy mayor para que se porte tan mal conmigo.
Me voy, Lobito. ¿Me acompañas?
- - Sí abuela, yo tampoco la soporto.
- - Pues entro un momento en casa y nos vamos de
este cuento rápidamente, antes de que llegue.
La abuelita y el lobito se van y llegan a otro cuento.
- - Éste parece más bonito. Mira Lobito: una casa.
Vayamos a ver quién vive allí.
- - Mira abuelita, la puerta está abierta.
- - Entremos… Hola, ¿Hay alguien aquí?
Se oye una vocecita que sale de la caja del reloj:
- - Mamá…¿Eres tú?
- - No, yo soy una abuelita. ¿Quién eres tú?
- - Soy el cabritillo Chiquitín - se asoma
tímidamente- ¡Ah, el lobo! ¡Socorro!- se esconde aterrado.
- -No tengas miedo, es mi amigo el Lobito Bueno.
Sale el cabritillo otra vez. No las tiene todas consigo,
pero la presencia de la abuelita le tranquiliza.
- -¿Qué ha pasado?
- -Pues que otro lobo ha engañado a mis hermanos y
le han abierto la puerta, desobedeciendo lo que nos dijo mamá. Yo les he dicho
que era una trampa y que no abrieran, pero como soy el pequeño nunca me hacen
caso y encima me han llamado “miedica” y “cagueta”- dice con amargura- y ahora
mira lo que les ha pasado a estos tontorrones. ¡Se los ha comido a todos! –
Llora desconsoladamente.
- -¡Estoy ho-rro-ri-za-do!- dice el lobo.
- - Es que no todos los lobos son tan buenos como
tú, querido amigo- le dice la abuelita.
- -Y … ¿ Qué podemos hacer?- le contesta
- - Déjame que piense... el caso es que este cuento
me suena mucho… ¡Ya está! ¡Cabritillo, tráeme tijeras, aguja e hilo!
- - Pero abuelita… ¿Te vas a poner a coser ahora?
- - No, ya verás- tranquiliza al cabritillo-
¡Lobito, busca el rastro de ese lobo malvado!
Lobito se pone a husmear y de pronto:
- - ¡Lo tengo, vámonos!
Se van y llegan
cerca del río. Allí ven una tripota que no hace más que subir y bajar. El lobo
está profundamente dormido. Claro, después de haberse zampado un montón de
cabritillos, le habrá entrado sueño. La abuelita se acerca sin hacer ruido. Con
mucho cuidado, le raja la tripa con la tijera y…¡Sorpresa! Salen dos cerditos
aterrorizados.
- - Pero…así no era este cuento. ¿Quiénes sois y qué
hacéis ahí?- dijo la asombrada abuela mientras les ayudaba a salir
recordándoles que hablaran bajito.
- - Somos dos cerditos que vivíamos en el bosque.
Alguien destrozó nuestras casitas de paja y de madera, creo que fue una niña que merodeaba hace días por
el bosque. Por eso, cuando apareció el lobo, no tuvimos donde meternos y, de un
bocado, se nos comió.
- - En fin… - suspiró la abuela- traedme piedras,
rápido.
Lobito y los dos cerditos obedecieron. La abuelita, después de
colocarlas en la tripa del lobo, la cosió con cuidado y se fueron rápidamente.
- - Pero…¿Y mis hermanos?- lloró el cabritillo.
- - Pues no sabemos nada; pero tranquilo, los
encontraremos- prometió la abuelita.
Mientras, Gamberrucita había llegado a casa de su abuela.
Llama a la puerta.
- - ¡Abu! Abre, soy yo Gamb… Caperucita – pone voz
de niña modosita- Abre, que hoy me voy a portar muy bien. Te traigo tus jarabes
- ríe maliciosamente.
- - Está bien, pasa…la puerta está abierta- le
contesta una voz
Gamberrucita entra y cuando se acerca…
- - ¡Hola, Abu! Pero…¡Qué mal huele! ¿No te habrás
tirado un pedete?- dijo arrugando la nariz con cara de asco
- - Ni confirmo, ni desmiento.
- - ¡Ostras, abuela! ¡Ya te vale!- se mantiene a una
cierta distancia de la cama- Oye…ahora que me fijo, ¡Qué fea estás… fea, fea!
- - Yo también te quiero- le contesta con sorna.
- - ¡Qué ojos más grandes tienes!
- - Son para verte mejor
- - ¡Qué nariz más grande tienes!
- - Es para olerte mejor
- - ¡Qué orejas más grandes tienes!
- - Son para oírte mejor
- - Hasta se te salen del gorro- le dice
quitándoselo- ¡Tú no eres mi abuelita! ¡Tú eres… un cerdo!
- - ¡Oye, sin insultar, pequeñaja!
- - ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está mi abuela? ¿Qué has
hecho con ella? ¡Mira que te pego un cestazo que te avío!
- - ¡Quieta! Yo no he hecho nada- sale de la cama-
Estaba buscando a mis hermanos y vi a un lobo corriendo por el bosque a toda velocidad
. Rápidamente me escondí. Cuando se me pasó el susto, vi esta casita abandonada
y me metí.
- - De eso nada, aquí vive mi abuelita.
- - Y, a todo esto…¿Tú quién eres?
- - Gamb…Caperucita Roja.
- - Pues entonces esta carta debe ser para ti,
estaba sobre la almohada.
El cerdito le da un sobre. La
niña saca la carta y empieza a leerla:
Querida Caperucita:
Te quiero mucho, pero cada
vez te portas peor. Soy ya muy mayor y no tengo fuerzas para aguantarte.
Me voy con mi amigo el Lobito
Bueno a vivir en otro cuento donde nos traten mejor.
Besitos
Se hace un silencio denso, muy denso.
- - ¡Jajajá ¡ ¡ Vaya prenda estás hecha, no te
aguanta nadie! Te vas a quedar sin amigos a este paso.- se ríe el cerdito.
Caperucita rompe a llorar:
- - Buaaaa, buaaaa… Seré buena, lo prometo. Me
portaré bien. Quiero que volváis. Buaaaa,buaaa.
En ese momento llegan la abuela, Lobito, el cabritillo y los dos
cerditos. Todos se abrazan. Todos, menos el cabritillo que se queda en un
rincón muy triste.
- - Me alegro mucho por vosotros, pero yo sigo sin
encontrar a mis hermanos. ¿Qué le voy a decir a mi mamá cuando vuelva a mi
cuento?
Entonces se oyen unos golpecitos
en la puerta del armario.
- - Chiquitín…¿Eres tú? Cuando entró el lobo salimos
corriendo y nos escondimos en este armario.
El cabritillo se abraza con sus
hermanos que emocionados le dicen:
- - A partir de hoy, ya no te llamaremos el cabritillo
chiquitín , sino ¡el Cabritillo
Valiente!
- - Y de qué me suena a mí ese nombre, me recuerda a
alguien- dice pensativa la abuelita- pero me parece una idea genial. Vamos a
celebrar que todos nos hemos encontrado con una gran merendola.
- - Yo te ayudaré con mucho gusto, abuelita – dice Caperucita,
pero de pronto empieza a toser – ¡Atchís, atchís, atchís!
- - Vaya, pobrecita te has debido de constipar.
Toma, ya verás qué bien te sienta- y le
da una cucharada de jarabe.
Caperucita
abre la boca y se la toma. Cuando se da cuenta…es demasiado tarde. Unos fuertes
retortijones le refrescan la memoria.
- - ¡Oh, noooo! Eso no era jarabe para la tos. ¡Ay
mi tripa!
- - Pues si lo pone en la etiqueta. Pero... ¿Qué te
pasa?- dice la abuelita asustada.
- - Nada, Abu, es una larga historia. ¡Necesito ir
corriendo al baño! ¡Ay! Ya te contaré…
Y colorín , colorado…¡¡Caperucita se ha cagado!!
- ¡Y yo qué,! ¿Cuándo salgo?- dice una vocecita desde mi bolsillo.
- Muy bonito, se trata de contar cuentos “con
lobo” y salen todos menos yo, que soy el “ lobo soplador” de Los tres cerditos.
- ¿El lobo soplador?
- Sí, me encanta soplar, quiero soplar, necesito soplar!!! Alguien ha destrozado las casitas de paja y
de madera… y cuando he llegado yo, ya no había nada que soplar- dice muy
enfadado.
- Pues no sé qué puedes soplar.
-Ya lo tengo: ¡¡¡Soplaré, soplaré y a estos chicos espacharé!!!- a continuación empieza a
soplar al público.
Por cierto... espacharé es un localismo que significa: echaré.
Hasta otro ratico



























































